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La imgracion Checa a Estados Unidos parte III

La estructura social y profesional de las oleadas de inmigrantes del año 1948 y del año 1968 se difería de las oleadas antecedentes por el numero mayor de las personalidades prominentes intelectuales  y políticas,  que en muchos casos sufrían en Checoslovaquia una persecusión directa (se encontraban en peligro de privación de la libertad). También el mecanismo del abandono del país funcionaba de otra manera: la mayoría de los exiliados pasaban por los campos de refugiados en Alemania o en Austria, de las cuales partían a otras destinaciones.
   
La inmigración checa actual (es decir después del año 1989) todavía no está analizada,  las cifras y datos exactos no están disponibles. La patria abandonan ante todo las personas en busca de un trabajo transitorio en los paíces de economías más desarrolladas – algunos de ellos después de haber adquirido nuevas experiencias vuelven a su país, otros se quedan en sus nuevos domicilios para siempre. Un numero importante de checos trabaja en las compañías multinacionales y cambian su residencia constantemente. Nueva Zelanda representa el fenómeno de la inmigración clásica, es la destinación más frecuente de los graduados checos de las universidades de las carreras ecológicas y técnicas. También Australia es una de las destinaciones favoritas de los estudiantes. Últimamente los países de la Unión Europea, que no limitan el aflujo de la mano de obra de los nuevos países miembros,  se volvieron en un catalizador muy importante de la inmgración legal de los checos – ante todo Iranda y Gran Bretaña

 

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La imgracion Checa a Estados Unidos parte II

Debido al sistema de servitud, la inmigración de las masas más amplias casi no ha sido posible hasta el siglo XVIII. Primero después de la suspención de este sistema empieza la inmigración por razones sociales, que obtuvo una dimensión más importante en los finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX con la inmigración con motivo de poblar las partes fronterizas de la Monarquía austríaca en Bálcano y luego en la mitad del siglo XIX, con la inmigración checa hacia los Estados Unidos (hasta el año 1938 han partito para los Estados Unidos más de 400 miles de inmigrantes de orígen checoslovaco), después del año 1867 había una inmigración también a Rusia y a Ucrania.  Después de haber se cerrado los Estados Unidos a los inmigrantes (1921–1924) empieza la inmigración más fuerte de Checoslovaquia  hacia la América Latina (a Argentina, Brazil, etc.) y hacia la Europa Occidental (a Francia).
   
La oleada de la inmigración checa por razones políticas empezaron los revolucionarios perseguidos en el año 1848. Los siguieron los refugiados antes la política de Hitler y unos pocos inmigrantes refugiados después del final de la Segunda Guerra Mundial. Una oleada de inmigrantes checos más importante representa la inmigración después del febrero 1948 (cuando los comunistas ganaron las elecciones y tomaron  el gobierno en el país), en la que abandonaron el país más de 100 mil personas. En los años que suiguieron se volvió muy difícil abandonar el país y la inmigración de aquel entonces no está analizada suficiente desde el punto de vista demográfico. Esta inmigración se dirigía ante todo a los países de Europa Occidental, a Estados Unidos, a Canadá, y menos a Australia o a Nueva Zelanda. Después del año 1968 abandonaron el país aproximadamente unos 250 mil personas (las cifra exactas también faltan), con las destinaciones parecidas, enriquecidas por la destinación de África del Sur y en numero menos importante también por las destinaciones en América Latina (por ejemplo Venezuela). En algunos de los casos los checos y eslovacos representaban la comunidad de inmigrantes más importante del país, como por ejemplo en el caso de Canadá, a adónde inmigró en el año 1969 más de 19 mil de checos y de eslovacos, o en Suiza, dónde los 14,5 mil de exiliados formaba el tercer grupo más numeroso de inmigrantes, después de los tibetanos y húngaros.ç

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La imgracion Checa a Estados Unidos

El orígen checo lo declaran en el extranjero casi unos dos millones de personas –lo que, comparado con la actual población checa, sería una quinta parte de la nación checa (véase ). Muchos de ellos ya no dominan el checo, sin embargo mantienen una conciencia de su pertenencia a la nación checa y a la cultura de sus antecedentes.

 

foto: sxc.hu

 

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La inmigración checa se puede dividir según sus causas dominantes en tres grupos – la inmigración por razones religiosas, por razones sociales y por razones políticas.

La más antígua fue la inmigración de razónes religiosas, por ejemplo la inmigración de los clérigos de Bohemia en la época de los Husita, la inmigración después de la batalla en Monte Blanco y luego la inmigración de los protestantes en el siglo XVIII hacia Sajonia y Prusia y en su última etapa también hasta hacia los Estados Unidos, dónde hoy en día se encuentra el centro de la Iglesia de los Hermanos de Moravia (Moravian Brethren Church).

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Inmigrantes que van a EUA y terminan trabajando como esclavos

Pese a que la esclavitud fue abolida en el siglo XIX en Estados Unidos, más de 10.000 personas trabajan contra su voluntad y bajo amenazas en este país, según el informe “Esclavos encubiertos: labor forzada en EEUU” del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Berkeley. “La esclavitud todavía existe. Este es un problema que se piensa que se solucionó hace mucho tiempo, pero continúa vivo. Simplemente tiene una nueva forma”, ha señalado Laurel Fletcher, profesora de derecho en Berkeley y coautora del estudio, que se ha elaborado a partir de los datos de 49 instituciones de servicios sociales, entrevistas con funcionarios y abogados, y material publicado en los medios.

 El informe señala que en sectores poco regulados y que requieren de mano de obra barata son más proclives a esta situación, como la prostitución (con un 50% de los casos); los empleados domésticos; la agricultura, las fábricas textiles y la hostelería. La mayoría de las víctimas son inmigrantes, tanto legales como ilegales, que llegan a EEUU con promesas de buenos trabajos, pero que una vez allí quedan atrapados en una realidad totalmente distinta.

 El problema, aunque extendido, es más grave donde hay más inmigrantes, como California, Florida, Nueva York y Tejas. En cuanto a las víctimas, muchas son menores de edad y vienen de distintos países, con China, México y Vietnam a la cabeza.

 Estos esclavos modernos caen en la trampa porque no hablan inglés, no tienen recursos y son completamente dependientes de sus captores, según ha denunciado Fletcher. La falta de conciencia pública sobre esta situación hace que el informe sea particularmente importante ya que “la gente está literalmente viviendo al lado de esclavos sin saberlo”.

 Entre los casos documentados está el de un empresario que esclavizó a jóvenes para que se dedicasen al sexo y trabajasen en su restaurante; el de un hacendado que forzó a centenares de centroamericanos a recoger fruta, o el de dos parejas que esclavizaron a adolescentes de Camerún con la falsa promesa de una educación. Los investigadores han criticado la respuesta de las autoridades, ya que creen que las leyes son insuficientes. “Tenemos que hacer saber a los legisladores, al Gobierno y a los ciudadanos que tenemos un problema”, ha indicado Kathleen Kim, del Comité de Abogados de para los Derechos Humanos.

 Por su parte, Jamie Zuieback, portavoz del servicio de inmigración de EEUU, ha señalado que “todo el mundo reconoce que éste es un problema muy real y trabajamos duro para resolverlo”.

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La Inmigración de los Italianos a Nueva York Parte III

Red Hook

Red Hook fue un de los primeros barrios italianos de Nueva York y el que antecede a todos los vecindarios de Brooklyn. Los primeros colonos holandeses llegaron al lugar en 1636 y lo nombraron Red Hook por el color de la tierra y la forma de gancho de la península. Ya para 1850 Red Hook era uno de los puertos más ocupados de los Estados Unidos; a fines del siglo XIX, un grupo de estibadores y trabajadores de muelles, la mayoría italianos, comenzaron a formar una comunidad en esa localidad.

Red Hook tenía fama de ser barrio peligroso, fue el primer refugio de Al Capone y el que presenció sus primeros delitos, además de ser el lugar donde se le apodó “cara marcada” (Scarface). De las observaciones que Arthur Miller hizo del barrio de Red Hook, le impresionó ante todo el hecho de que, detrás de todas las apariencias inofensivas, se encontraba el poder de la mafia en toda su complejidad. Años después, en un viaje a Italia, Miller descubrió con asombro la continuidad entre Italia y Red Hook con respecto a tradiciones, estructuras de poder y costumbres.

La década de 1950 fue la época dorada de la comunidad de estibadores, pero todo cambió cuando las novedades tecnológicas transformaron la industria del embarque y casi instantáneamente el puerto de Red Hook pasó a ser obsoleto. Las oportunidades de trabajo se trasladaron a Nueva Jersey, arrasando así la economía y la comunidad de Red Hook. Por la misma época se construyeron nuevas autopistas que comunicaban hacia Brooklyn pero que dejaban apartado el área de Red Hook. Recientemente, sin embargo, el vecindario ha experimentado un resurgimiento.

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La Inmigración de los Italianos a Nueva York Parte II

A principios de 1900, la mayoría de las ciudades de los Estados Unidos que contaban con una población de más de 50.000 personas contaban también con una vecindad a la que se le consideraba una “pequeña Italia”. A pesar de la discriminación y las luchas laborales, los inmigrantes italianos aumentaban y lograban cada vez mayor influencia cultural y política. En 1919 se eligió al primer gobernador italiano-americano de Nueva York, Alfred E. Smith. Por la misma época se hicieron famosos el actor de cine Rudolph Valentino y el cantante de ópera Enrico Caruso. Mientras tanto, el número de los inmigrantes italianos continuaba en aumento año tras año. En un esfuerzo por impedir la emigración del país, el gobierno italiano impuso varios requisitos, pero sin muchos resultados. En la víspera de la primera guerra mundial, un cuarto de la población de Italia había emigrado para los Estados Unidos.

Para 1921 el número de inmigrantes de todos los rincones de Europa era tal, que los Estados Unidos se comenzó a alarmar. El congreso aprobó el Acto de Cuota, con el que se limitaba el número de inmigrantes por año a tres por ciento por grupo representado en los Estados Unidos en 1910. En 1924, el congreso aprobó una ley de inmigración aún más severa, el National Origins Act, con el cual se limitaba a dos por ciento de la población de cualquier nacionalidad representada en los Estados Unidos en 1890. Esto fue sin duda con el objeto de impedir la entrada de inmigrantes del sur y del este de Europa a los Estados Unidos.

Durante la segunda guerra mundial, todos aquellos italianos que no se habían legalizado en el país eran tenidos por extranjeros enemigos. A muchos italianos de la costa oeste de los Estados Unidos se les prohibía la entrada en ciertos lugares y hasta se les exigía que desalojaran sus casas. Cerca de 1.000 italianos estuvieron detenidos en un campamento militar en Missoula, Montana, por considerárseles peligrosos. Al mismo tiempo, más de un millón de italianos-americanos lucharon en la guerra.

Las leyes de inmigración se mantuvieron estrictas hasta bien entrados los años de 1950, pero en la mayor parte del país los italianos comenzaban a integrarse a la sociedad. Hubo inmigrantes de segunda generación, como Joe DiMaggio y Frank Sinatra a quienes se les reconocía y celebraba como personajes representativos de lo que significa ser estadounidense. La pizza y el spaghetti llegaron a ser la comida de todos los días y los vecindarios italianos se transformaron en atracciones turísticas. Mientras tanto, enclaves como Red Hook, en Brooklyn continuaron siendo sectores donde prosperó la cultura, el idioma y las costumbres de Italia.

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La Inmigración de los Italianos a Nueva York Parte I

Los italianos han estado en Nueva York por aproximadamente cuatro siglos. Peter Caesar Alberti, el primer italiano en llegar a Nueva Amsterdam (antiguo nombre de Nueva York), atravesó el océano Atlántico en 1635 y se estableció en Brooklyn. Conforme los Estados Unidos fue creciendo, asimismo creció la contribución de los italianos: fueron los pilares de la primera banda de la marina, lucharon en la guerra de 1812 entre los Estados Unidos e Inglaterra y fueron los escultores y arquitectos de los edificios más bellos e importantes de Washington D.C. Ya para mediados del siglo XIX, la comunidad era lo suficientemente grande para poder sostener la primera casa de ópera italiana en los Estados Unidos, el Astor Place Opera House. Alrededor del año de 1870, aumentó la inmigración de italianos a los Estados Unidos. Se estableció la primera sociedad de ayuda mutua entre los Estados Unidos e Italia y surgieron los primeros periódicos en italiano; asimismo, la comunidad italiana comenzó a ejercitar su influencia política en el congreso. A la vez que la población italiana crecía en Nueva York, el nivel de vida en Italia empeoraba. Debido a que la taza de natalidad iba en aumento y el índice de mortalidad disminuía, Italia se encontraba superpoblada. Bajos sueldos e altos impuestos hacían difícil el ganarse la vida, particularmente en las regiones políticamente subyugadas del sur, donde tenían qué pagar tarifas muy altas por productos del norte. El sur de Italia, casi en su totalidad agrícola, enfrentaba el reto de la deforestación, la erosión de la tierra y la falta de tierra para el cultivo. La industria minera de Sicilia se desplomó una vez que, en 1890, se descubrió azufre en Texas, haciendo que más italianos buscaran su suerte en los Estados Unidos.

Para 1890 el número de inmigrantes italianos establecidos en Nueva York había aumentado a 39.951 por año; 37.157 más que los 20 años anteriores. La mayoría no pensaba quedarse a radicar en los Estados Unidos, sólo querían ganar dinero y regresarse su país, de hecho, de 20 a 30 por ciento de inmigrantes italianos lo hicieron. Dado que para ellos su estancia en los Estados Unidos era pasajera, estaban dispuestos a tolerar trabajos y vivienda totalmente inaceptables para otros estadounidenses. Entre 1890 a 1900, los italianos constituían el 90 por ciento de los trabajadores del Departamento de Servicios Públicos de la ciudad de Nueva York y, en el verano, aproximadamente la mitad de los inmigrantes italianos trabajaban como obreros. Para la mayoría de los recién llegados, esto no era ninguna novedad, ya que un estudio llevado a cabo en 1903 demostró que un 60 por ciento de los inmigrantes del sur de Italia eran granjeros o campesinos.

La presencia inesperada de tantos inmigrantes causó una reacción negativa por parte de los ya establecidos en los Estados Unidos. Los italianos tenían la reputación de ser sucios, analfabetos, delincuentes, agitadores de sindicatos y anarquistas. Muchos italianos inocentes del sur de los Estados Unidos murieron linchados después que la mafia mandó matar al jefe de policía de Nueva Orleans y esa práctica cundió por el resto del país en los años subsecuentes.

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Inmigracion Irlandesa a Estados Unidos Partes III

Para los nativistas la religión de los inmigrantes era igualmente inquietante. En última instancia, se preguntaban, los inmigrantes irlandeses católicos ¿serían leales a Estados Unidos o a la iglesia romana? En cuestiones políticas ¿aceptarían lo que les dijeran sus sacerdotes? Una iglesia encabezada por un papa, cardenales, arzobispos y obispos ¿tenía lugar legítimo en una república democrática? Y, ¿por qué los inmigrantes irlandeses católicos enviaban a sus hijos a escuelas parroquiales separadas en lugar de usar el sistema público gratuito?. La respuesta de los irlandeses era que las juntas escolares públicas estaban dominadas por protestantes evangélicos. En la libertad de cultivar la fe de sus hijos tal como a ellos les parecía, insistían, consistía la naturaleza de Estados Unidos.

Los nativistas lanzaron un ataque sostenido contra los inmigrantes irlandeses por su catolicismo. En 1834 una turba incendió un convento de ursulinas en Charlestown, Massachussets. En 1836 nativistas de Nueva York publicaron un panfleto titulado “Las atroces revelaciones de María Monk”. Monk, una joven emocionalmente perturbada, declaró haber presenciado orgías e infanticidio durante su estadía en un convento. El libro llegó a ser un éxito de ventas. En 1844, nativistas amotinados quemaron dos iglesias católicas en los suburbios de Filadelfia, en una disputa en torno a qué Biblia debía enseñarse en las escuelas públicas, si la versión católica o la versión protestante del Rey Jaime.

La identidad irlandés-estadounidense

Al rechazar acusaciones de tener lealtad dividida, los inmigrantes irlandeses insistían en que podrían convertirse en buenos estadounidenses, pero que debían hacerlo en sus propios términos. Debido a que hablaban inglés y eran los primeros en llegar a Estados Unidos en grandes cantidades, los irlandeses se apoderaron rápidamente del control de la iglesia católica de Estados Unidos. Como un dicho popular lo decía entonces, en Estados Unidos la iglesia era “una, santa, católica, apostólica… e irlandesa”. El catolicismo fue el ingrediente individual más importante de la identidad irlandés-estadounidense.

El anticatolicismo siguió siendo parte de la cultura de Estados Unidos hasta 1960, cuando John F. Kennedy fue elegido presidente. Los irlandeses, durante mucho tiempo, habían dominado la política de muchas ciudades estadounidenses, entre ellas Nueva York, Boston y Chicago, mediante el control del Partido Demócrata. En el decenio de 1920 comenzaron a actuar en el escenario nacional cuando Al Smith se convirtió en el primer católico en aspirar a la presidencia. Smith tenía pocas probabilidades de ser elegido, pero Kennedy, agudamente conciente de su herencia irlandesa, terminó finalmente con la larga tradición anticatólica estadounidense. “No soy el candidato católico a la presidencia”, declaró durante su campaña. “Soy el candidato del Partido Demócrata a la presidencia, que ocurre que es también católico. No hablo por mi iglesia en asuntos públicos, ni la iglesia no habla por mí”.

Los inmigrantes irlandeses se convirtieron en buenos estadounidenses sin sacrificar su patrimonio religioso y cultural. Demostraron que la asimilación no es un proceso en una sola dirección, en el que los inmigrantes deben conformarse a la cultura angloprotestante dominante mientras dejan de lado sus propias tradiciones. Los inmigrantes siempre cambian a Estados Unidos, tanto como Estados Unidos los cambia a ellos. Al llegar a ser estadounidenses a su manera, los irlandeses moldearon una identidad étnica distintiva y ayudaron a echar las bases del pluralismo cultural de hoy en Estados Unidos.

Hoy los irlandeses forman uno de los grupos étnicos más prósperos de Estados Unidos, al exceder de modo significativo la media nacional en niveles educativos, situación laboral, ingreso y propiedad de la vivienda que ocupan. En consonancia con su movilidad social en firme ascenso durante el siglo XX, los irlandés-estadounidenses pasaron de las comunidades urbanas, estrechamente unidas, del nordeste y el medio oeste del país, a instalarse en suburbios, poblaciones y ciudades de Estados Unidos. También se casaron en cantidades cada vez mayores fuera de su grupo étnico, primero con otros católicos y luego con estadounidenses en general. El resultado de estos acontecimientos es un sentido de identidad nacional que tiene mucha menos cohesión que en el pasado. Pero los irlandés-estadounidenses retienen un fuerte sentido de orgullo étnico, especialmente en las esferas de la política y la cultura. Después de todo, ser irlandés-estadounidense es ser parte de una saga nacional de éxito.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.

http://www.america.gov/…/20080408132329liameruoy0.6547968.html

Inmigracion Irlandesa a Estados Unidos Partes II

En el decenio de 1840 los irlandeses representaban casi la mitad de todos los inmigrantes en Estados Unidos, y una tercera parte en el decenio de 1850. Estas cifras son notables, dado que Irlanda no es más extensa que el estado de Maine y su población nunca pasó de 8,5 millones. Entre 1846 y 1855, debido a los masivos y repetidos fracasos de la cosecha de papas, la población irlandesa disminuyó una tercera parte. Más de un millón de personas murieron de hambre y de enfermedades relacionadas con la hambruna, y otro millón y medio emigró a Estados Unidos. Muchos inmigrantes irlandeses creían que la hambruna pudo haberse evitado. “El Todopoderoso, en verdad, envió el tizón de la papa”, escribió el nacionalista y exiliado político irlandés John Mitchel, “pero los ingleses crearon la hambruna”. Desde entonces, en el corazón de la identidad irlandés-norteamericana quedó un sentimiento de proscripción y exilio.

Primeras Luchas

Manifestación contra los irlandeses en Nueva York en 1871 
Los inmigrantes irlandeses provenientes de la era de la hambruna eran los más pobres que Estados Unidos había visto alguna vez. Algunos de los más pobres vivían en el distrito de Five Points, en el bajo Manhattan de la ciudad de Nueva York, del que el novelista inglés Charles Dickens dijo que “apestaba por todas partes a suciedad y mugre”, con “callejuelas y callejones pavimentados con barro que llegaba a la rodilla”. Este vecindario, escribió Dickens, estaba colmado de “viviendas repugnantes, que llevan el nombre del robo y el asesinato; allí se encuentra todo lo que es repulsivo, flojo y podrido”.

Los irlandeses pobres vivían en sótanos, bodegas subterráneas y apartamentos de una sola habitación carentes de luz y ventilación natural y con frecuencia inundados de aguas servidas. Sufrían tasas alarmantes de cólera, fiebre amarilla, tifus, tuberculosis y pulmonía. Sucumbían también a las enfermedades mentales, complicadas a menudo con el alcoholismo. Eran responsables de una cantidad desproporcionada de admisiones en asilos de indigentes y hospitales públicos, y encabezaban las estadísticas de arrestos y encarcelamientos, especialmente por conducta desordenada. Por ejemplo, en la ciudad de Nueva York, en 1859, 55 por ciento de las personas arrestadas eran de origen irlandés.

En su mayor parte, los inmigrantes irlandeses no tenían ninguna destreza laboral, trabajaban por salarios bajos y a menudo los usaban como mano de obra sustituta para romper huelgas. A los trabajadores nativos les preocupaba que sus salarios declinaran como resultado y que los avances logrados por el trabajo organizado se vieran socavados. Muchos estadounidenses temían también que los irlandeses no adelantarían nunca socialmente sino que, en lugar de ello, se convertirían en la primera clase trabajadora permanente de Estados Unidos, amenazando el principio central de la vida estadounidense en el siglo XIX: una movilidad social ascendente mediante el trabajo empeñoso.

 

http://www.america.gov/…/20080408132329liameruoy0.6547968.html

Los inmigrantes irlandeses en Estados Unidos Parte I

Este artículo pertenece al periódico electrónico “Integración de los inmigrantes en el cauce nacional”. Para consultar los demás artículos haga clic a la derecha.

Por

Kevin Kenny

 

Los inmigrantes irlandeses tuvieron un comienzo difícil en Estados Unidos, empantanados en la pobreza urbana y ridiculizados por algunos de sus vecinos. Ellos y sus descendientes superaron los obstáculos y prevalecieron.

 

Kevin Kenny es profesor de historia en el Boston College, en Boston, Massachussets.

 

En el siglo que se extiende a partir de 1820 vinieron a Estados Unidos 5 millones de inmigrantes irlandeses. Su presencia provocó una vigorosa reacción entre ciertos estadounidenses locales, conocidos como los “nativistas”, que denunciaban a los irlandeses por su comportamiento social, su impacto en la economía y por su credo católico. Sin embargo, para principios del siglo XX los irlandeses ya se habían asimilado exitosamente.

De acuerdo con la Constitución de Estados Unidos, todos los inmigrantes legales tienen derecho a convertirse en ciudadanos estadounidenses y los inmigrantes blancos han encontrado relativamente pocos obstáculos en sus intentos de hacerlo así. A pesar de la hostilidad de los nativistas, los irlandeses nunca enfrentaron un racismo comparado con el que se infligió contra los afroestadounidenses y los asiáticos, a quienes se excluyó de la ciudadanía o se les restringió la entrada en Estados Unidos. Convirtiendo en una ventaja su identidad católica y aprovechando las oportunidades políticas imposibles de obtener en Irlanda, los irlandeses ascendieron constante y firmemente en la sociedad norteamericana

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